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Biografías de la memoria / El relato institucional

12 de mayo de 2013


Conversando con José Antonio Orejón


Cuando un amigo te dice “voy a poner en mi curriculum que soy tu amigo” casi se te saltan las lágrimas porque ya no te pueden decir nada más



Cuando empezamos con el proyecto, esta conversación con D. José Antonio Orejón era una hipótesis poco probable ya que desde su retiro en la empresa se ha mantenido bastante al margen de la vida pública. Sin duda resultó fundamental la intermediación de su hijo José Manuel, actual director técnico de Emalcsa, a través de quien le hicimos llegar información amplia sobre el contexto global del proyecto dMudanza. Y no sólo le gustó sino que parece que llegó en el momento oportuno.

Su vida profesional estuvo marcada por la cortesía del “usted” porque “era extraordinariamente cómodo para el respeto (mutuo)”, pero eso se acabó al pasar “al pelotón de los jubilados” en el que las barreras profesionales ya no tienen sentido. Pero también porque los tiempos han cambiado y el tuteo se ha desarrollado tanto que es lo más natural. La buena educación ya no depende de eso, sino de otras cosas.

Dice que su trayectoria ha sido larga pero “la más normal y la más tranquila”. A los 25 años era ingeniero, pero de aquella la carrera eran 7 años, siete cursos reglados… haciendo el ingreso a la primera. Tan sólo once años después, con 36, asumió la dirección de la empresa. En las fotos se le ve muy joven (un “pipiolo”) pero dice que fue fácil, porque pudo aprender el oficio con personas tan carismáticas y que sabían tanto como D. Tomás Fábregas y D. Enrique Touron (padre).

Por la contundencia con la que se expresa, se diría que dibujó su vida con esa precisión técnica propia de su formación de ingeniero, pero no.

He dicho, siempre que alguien me ha hecho mirar un poco hacia atrás que he sido una persona extraordinariamente afortunada menos dos puntos, uno muy al principio de mi vida que fue el fallecimiento de mi padre muy joven, él y yo, él con 43 años y yo con 13. Y luego, pues una circunstancia que se ha producido recientemente que, bueno, tampoco es objeto el hablar de ella, cuando perdí a mi mujer el año pasado.

En ese otro intervalo, he sido la persona más afortunada del mundo… porque circunstancialmente, como siempre se dice, es estar en el sitio oportuno en el momento oportuno… a mí me ha tocado, por suerte, estar y, he intentado aprovecharlo. Y entonces me ha tocado vivir muchísimas experiencias no solamente en la empresa, en el abastecimiento de agua, sino en la universidad, en el colegio profesional… en muchísimos sitios. Y además con el impulso que siempre se me dio desde la familia, ha sido muy fácil.

La única pregunta que me hacía de vez en cuando es “me están diciendo que esto está saliendo bien, pero si estuviera otra persona a lo mejor lo habría hecho mejor.

Pero esa pregunta era la que lo movía a no conformarse: “No es falsa modestia ni muchísimo menos porque como todo, todo puede mejorarse y se habrán cometido fallos porque lo absoluto no sería humano y si de algo he presumido es de intentar ser humano”

Coincido en parte porque el factor suerte de poco sirve si no eres la persona adecuada y no tienes la predisposición a afrontar retos. Pero insiste: “La oportunidad era tan clara, tan clara, tan clara, que la verdad que no costó ningún esfuerzo extraordinario”.

Estaba todo tan bien hecho, tan bien hecho hasta que yo tuve que asumir la responsabilidad que casi, casi, el camino estaba marcado. Y entonces con esas hipótesis, la empresa es muy sencilla porque no tiene ni la gran tecnología… sino lo que tiene es responsabilidad

Las casi dos horas de conversación se hicieron cortas porque la historia de la ciudad, la de la empresa y la de los inicios de la universidad, están llenas de nombres de personas a las que recuerda con cariño y respeto. Y de anécdotas, como la de cuando recién entrado en la empresa D. Ricardo le mandó a “desasnar” a una de las obras emblemáticas, o la del convenio que hubo que firmar para los entierros de Seixurra mientras se construía el puente en la presa de Cecebre.

Y es que la vida es mucho más que un cronograma de fechas y referencias porque lo importante está en la intrahistoria en la que se teje la memoria colectiva, como aquel singular asesinato de 1908, un año en el que empezó, al fin, a llegar el aguan a los grifos de la ciudadanía. El mismo año en el que Dña. Emilia Pardo Bazán recibió el título de Condesa, murió Curros Enríquez y el Deportivo jugó los primeros campeonatos oficiales en el Corralón de la Gaiteira.

Aunque me tocó conocerlo en esta nueva etapa en la que ha abandonado el “usted”, creo haber entendido por qué se ganó el cariño y el respeto de las personas que trabajaron con él.

Emalcsa- Cecebre


Los proyecto de nueva conducción y depósitos de José A. Orejón


Fuente: El abastecimiento de agua a La Coruña

En marzo de 1976 finalizaron las obras de ampliación de la estación de tratamiento de aguas de La Telva, cuya conducción a la ciudad había sido adjudicada en junio del año anterior a “Entrecanales y Távora”. En junio de 1975 se había presentado una solicitud de modificación del proyecto original de la conducción, consistente en fraccionar el caudal de 800 litros de la Cuarta Concesión, elevando por una parte 400 l./seg. al futuro depósito de La Corbeira, por otra 400 l./seg. al depósito de Eirís. La justificación del fraccionamiento del caudal de la concesión se apoyaba en el mayor crecimiento urbano de los niveles abastecidos desde el depósito de Eirís, además del incremento de la seguridad que suponía el reparto de los caudales en dos conducciones separadas. Por último, se argumentaba el ahorro importante de energía del bombeo que se produciría por la diferencia del orden de los 50 metros entre las cotas de Eirís y La Corbeira.

En 1976 José Antonio Orejón, gerente de la Sociedad, presentó un proyecto que mantenía la filosofía inicial del proyecto de Luciano Yordi, pero intentando salvar ese excesivo coste que éste suponía. Bajo el título “Proyecto de Ejecución de Regulación en el Abastecimiento de Agua de La Coruña” el proyecto localizaba en la nueva conducción de la Cuarta Concesión cuatro depósitos de distribución, y un quinto depósito que ampliase la capacidad del depósito de Eirís. Los cuatro depósitos se localizaban en Alvedro (cota 91), que recibiría la impulsión directa desde La Telva, Alfonso Molina (cota 71), desde la cual un segundo bombeo debía impulsar el agua hasta el tercer depósito en Elviña a cota 131, y Pena Moa (cota 119) al que llegaba el agua por gravedad desde el depósito de Elviña.

La virtud de este proyecto radicaba en que prescindía del bombeo de todo el caudal de la Cuarta Concesión hasta los 141 m. del depósito de La Corbeira. El bombeo se realizaría fraccionando el caudal por una parte hasta el depósito de Alvedro, a cota 91, y por otra hasta el depósito de Eirís, a la cota 72. Desde el depósito de Alvedro el agua se conduciría por gravedad hasta el depósito de Alfonso Molina, a la cota 71, desde el cual se podría abastecer los barrios de nueva urbanización próximos al depósito, mientras que para dar suministro a las zonas altas de la ciudad se proyectaba el bombeo hasta el depósito de Elviña, aunque ahora tan solo de la mitad del caudal tratado en La Telva, con el consiguiente ahorro.

Las dificultades económicas impusieron drásticas modificaciones en la construcción final de lo proyectado, optándose por la conexión directa de la conducción de la Cuarta Concesión a la tubería principal Eirís-Sta. Margarita a la altura de la Plaza de Madrid, prescindiendo, por tanto, de la construcción de un nuevo depósito de cabecera. Las obras de conducción estuvieron rematadas en 1978.

Ese mismo año José Antonio Orejón redactó el “Proyecto Desglosado de Depósitos de Regulación para el Abastecimiento de Agua a la Coruña (Pena Moa y Eirís, Ampliación y Obras Complementarias)” que supuso el abandono definitivo de la idea de plantear un sistema de conducción independiente para la Cuarta Concesión, apoyándose en la conducción construida para la Tercera Concesión. Las obras incluidas en este proyecto comprendían el depósito de Pena Moa, la ampliación de Eirís, un depósito elevado en Vigía (zona Monte Alto), además de un tramo de conducción Elviña-La Grela. Para ello se establecía la necesidad de abordar el proyecto en dos fases: en la primera se acometería la construcción de los depósitos de Pena Moa, y en la segunda la ampliación de los depósitos de Eirís y elevado del Vigía.


Comprometido con su profesión


Los inicios de la Escuela de Aparejadores fueron humildes, en unos barracones frente al estadio de Riazor y adscrita a la Universidad de Santiago. Y fue “coincidencia” que un farmacéutico que él conocía fuera el director comisario encargado de ponerla en marcha y le propusiera dar clase. El segundo año, siendo aún Aguas de La Coruña una empresa privada, impartía la asignatura de “Materiales de construcción”.

Luego vino la Escuela de Arquitectura, allá arriba en el monte, y ahí estuvo, de la mano de José Antonio Franco Taboada.

Pero el desarrollo de la ciudad demandaba nuevos profesionales así que, con el impulso de José Luis Meilán Gil y el apoyo incondicional del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, se crea la Escuela de Caminos.

Fueron años intensos, de planes de estudio elaborados en dos fines de semana y viajes a Madrid y Barcelona para realizar fichajes.

En virtud del Decreto 274/1991 de 30 de julio de la Consejería de Educación, Cultura y Ordenación Universitaria de la Junta de Galicia se creó la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad de La Coruña y se concedió la autorización para implantar los estudios conducentes al título oficial de Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos.


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Su faceta más didáctica continuó

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