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Biografías de la memoria / El origen del agua

Emalcsa- A Telva


Enrique Suárez & José Antonio Pombo

Enrique Suárez entró en la empresa en 1975 y se jubiló en 2008. José Antonio Pombo estuvo desde 1982 hasta 2015, de hecho era el más joven del encuentro de Cañás. Ambos estuvieron 33 años en la empresa y de ellos 26 los pasaron juntos en A Telva compartiendo retos y desafíos.


Enrique entró para el montaje de la Cuarta Planta (o concesión) de A Telva y lo vivió con tal intensidad que ya se quedó en la empresa con la responsabilidad de la planta: “porque en realidad quien la conocía era yo”. Y él se encargó de preparar a todo el personal pero ya no sólo al de mantenimiento sino al de operación. Y es esa forma de ser, de sumergirse a fondo en la responsabilidad de la tarea y los objetivos, lo que define toda su trayectoria porque “los que montaban luego se iban pero las cosas tenían que seguir funcionando”… Y se trataba del agua de la ciudad.

La trayectoria de Enrique está recogida del audio de una entrevista anterior y su relato, sereno y profundo, resulta apasionante. Es muy consciente de lo mucho que la evolución de la tecnología condiciona el conocimiento. Reconoce y valora lo de antes pero no lo idealiza en detrimento de lo que está por venir. No hay nostalgia en su percepción y sus palabras porque lo que de verdad valora es la actitud, la “voluntad de” y el propio proceso de aprendizaje. Por eso encajaron tan bien él y José Antonio.

José Antonio entró con una beca entre Emalcsa y Lignitos de Meirama para hacer un estudio de la desestabilización del agua en el momento álgido de la excavación de la mina cuya cuenca, ahora reconvertida en lago, era también la cuenca del río Barcés. Era un momento de gran preocupación porque con el movimiento de tierras llegaban al agua arcillas, caolines, carbón… materiales muy finos que eran muy difíciles de desestabilizar.

Cuenta que cuando llegó tuvo que aprenderlo todo, algo que hizo de la mano de Enrique, que ya estaba muy bregado en procesos de simulación de las condiciones que había en planta. Y hablan entre ellos del pergamanato potásico y el floculador americano con el que incluso habían hecho un estudio de los tiempos en que tardaba en llegar el agua a los decantadores mientras ellos, cronómetro en mano, se hablaban de un sitio a otro a ver si llegaba el color. Luego adecuaban los tiempos experimentales del proceso del laboratorio a lo que pasaba en planta. Ahora las cosas son muy diferentes.

A Enrique le tocó recoger el conocimiento y la huella de antecesores muy carismáticos que lo hicieron todo con casi nada. Y lo hizo en tiempos todavía muy difíciles en los que los avances se conseguían gracias a la implicación, al ingenio y al sentimiento de equipo. Porque los recursos eran realmente escasos, hasta era complicado conseguir una “simple” cuerda. José Antonio aprendió con él y cogió de mano los procesos de experimentación para estudiar la problemática que había. Tomó las riendas del incipiente laboratorio y fue poniendo en marcha todo lo relacionado con el nuevo Real Decreto que modificaba la anterior “Reglamentación técnico-sanitaria”.

Tanto Enrique como José Antonio son dos personas extremadamente cordiales. Es como si el cariño y el respeto que se tienen formara un halo contagioso en el que, incluso cuando los recuerdos y las explicaciones se vuelven muy técnicas para el oyente profano, todo resulta tan didáctico que, mientras los escuchaba, hasta me parecía entenderlo todo. Como si hablar de sílice activada, de https://es.wikipedia.org/wiki/Polielectrolito\polielectrolitos o de gelificación fuera algo al alcance de cualquiera.

Sus explicaciones se encadenan con una armonía que sólo se puede conseguir cuando existe una gran afinidad, profesional y personal, desarrollada en años de retos compartidos. Se miran, se respetan, se complementan… y la conversación se va llenando de “¿te acuerdas?”. En realidad lo que subyuga al escucharlos es la pasión por el conocimiento y las cosas bien hechas.

Y escuchándolos aprendemos que hay tres tipos de electrolitos (los iónicos, los aniónicos y los catiónicos) y que las recomendaciones de las casas comerciales no siempre eran las adecuadas, por eso hicieron miles de pruebas para encontrar el producto adecuado para el sistema de decantadores hasta que conseguían el tratamiento de agua que se necesitaba. Porque no hay una única forma, depende del agua, de las plantas, del entorno, de los estudios y avances… Y Enrique, consciente de lo específico y técnico de la explicación interrumpe:

lo importante es que la gente tuvo que ir pasando por todos esos procesos de experimentación en tecnología que entonces… tampoco era fácil

Eran tiempos en que las plantas apenas estaban automatizadas y resultaba más complicado porque no había una para todo el caudal, por eso había que tener personal especializado en cada una de ellas. Recuerda José Antonio que Enrique siempre le decía que los análisis eran importantes pero si el agua salía bien, lo demás también lo estaría. Y parece que ese convencimiento sobre la importancia de ir al origen de las cosas fue el pegamento perfecto para esa hibridación de conocimientos y metodologías que se perfeccionó en sus 33 años de compañerismo y trabajo.

Juntos hacían también la vigilancia tecnológica para mantenerse al día. Viajaban a otras plantas, asistían a cursos de formación y se reunían constantemente entre ellos, con José Antonio Orejón y Ángel Iglesias o con el resto de los responsables y departamentos de la empresa. Lo que hiciera falta por un buen servicio, como pasar días sin dormir cuando las inundaciones o los vertidos. O formando cuadrillas por el río para descubrir el origen de los problemas que iban apareciendo cuando todavía ni se hablaba de sostenibilidad y medio ambiente.

Fueron años de decisiones difíciles porque se trabajaba sin información. Había que decidir entre dejar a la ciudad sin agua o arriesgarse a un problema de salud: “¿Cómo lo hacías? Estando muy, muy pendientes de las plantas y del agua que entraba en la planta”. Y eso día y noche porque no había los automatismos que tenemos ahora.

Recuerdan con especial cariño las relaciones, los equipos, la interconexión de las distintas ubicaciones de la empresa.

Ya que quitas ese tema –comenta José Antonio- teníamos la planta de Cañás y Enrique desde el principio decía: No nos podemos olvidar de aquella gente y tenemos que ir de vez en cuando hasta allí y ver cuáles son sus problemas, sus inquietudes y de hecho de vez en cuando nos reuníamos todas las plantas.

Inventaban soluciones, hacían piezas, remodelaban equipos, diseñaban sistemas… Pero, sobre todo, estaban MUY pendientes del funcionamiento y del cuidado de todo. Porque ese es el verdadero secreto que tan raro nos resulta en esta época de usar y tirar: El Mantenimiento.

Para que una cosa esté funcionando muchos años hay que estar muy, muy pendiente del mantenimiento. Hay que vivirlo… pero intensamente. Si no, ¡no lo consigues!

Ambos coinciden también en la importancia de las visitas de los colegios como la mejor apuesta de futuro. Y parece como si no se cansaran nunca de explicar y enseñar las mismas cosas que preguntamos todos los que nos acercamos por primera vez al origen del agua y nos “sorprendemos” de la complejidad y la historia de algo que damos por hecho: que el agua sea buena y salga por el grifo a nuestro antojo.


El contraste de los efectos de las sequías de principios de los 70, cuando aún no estaba la presa de Cecebre



Inundaciones (no tan antiguas) en A Telva

De Cañás a La Telva


Fuente: 1993: 85 años de abastecimiento

Segunda época: 1941 – 1968

El incremento de caudal llegó en el momento en el que el desarrollo de la ciudad lo hacía imprescindible y pudieron superarse sin restricciones en el consumo las “pertinaces sequías” de los años cuarenta. A pesar de ello el Consejo de Administración de Aguas de La Coruña encargó en 1946 a los mismos ingenieros Srs. Salorio y Fernández-Cuevas la redacción de un nuevo proyecto de obras.

Los problemas que impidieron la pronta ejecución fueron esta vez de índole económico. El presupuesto superaba los 42 millones de pesetas y las tarifas que la empresa percibía por el servicio no se habían modificado desde el inicio del abastecimiento en 1908. Esta circunstancia supuso que la municipalización del servicio se plantease por primera vez como solución al problema.

La publicación casi simultánea en 1953 de la nueva Concesión de 375 l/seg. a Aguas de la Coruña, S.A. y el Decreto que establecía las ayudas del Estado a los Ayuntamientos para las obras de abastecimiento, hizo pensar a los gestores de Aguas que la mejor solución era entregar la Empresa al Municipio, circunstancia que se produjo, después de largas negociaciones, a finales de 1967.

Años antes, en 1963, se habían concluido las obras de ampliación tramitadas por el Ayuntamiento, obras que suponían un abastecimiento completo, independiente del existente, con un caudal total de 525 l/seg. captado también por el río Mero a su paso por La Telva.

La capacidad de producción de la recién creada Emalcsa era de 725 l/seg. y como la Ciudad contaba con 200.000 habitantes, podía ofrecer a cada uno de ellos más de 313 litros de agua diarios.

1975: La Cuarta Concesión - El abastecimiento de agua a La Coruña

El proceso administrativo para la construcción de la estación depuradora en La Telva, que tratase los 800 l./seg. de la nueva ampliación del Abastecimiento de agua a La Coruña, se inició en 1973 con la redacción del Pliego de Bases para el concurso de Proyecto y Ejecución. El proyecto fue adjudicado a las empresas “Cadagua S.A.” y “Cubiertas y Tejados S.A.” en noviembre del año siguiente. Las obras se iniciaron en enero de 1975, autorizándose un modificado y un proyecto de obras complementarias. El modificado, firmado por Juan Mucientes Castro, incluía como novedad la utilización de sistemas de dosificación automáticos de los reactivos del proceso de tratamiento, así como variaciones en los edificios y mejoras en la urbanización. La obra fue recibida provisionalmente por la Confederación Hidrográfica el 8 de noviembre de 1978.

El edifico de explotación y los ocho filtros de la nueva estación se localizaron en el mismo eje que las instalaciones de la Tercera Concesión, mientras que los dos decantadores se situaron a cotas superiores, por el desnivel natural del terreno. Para alcanzar la cota de los decantadores desde la toma sobre el Mero, hubo que disponer un grupo de bombeo formado or tres motobombas de 1.440 m3/h. y 11 m.c.a. de altura manométrica. Los decantadores de la Cuarta Concesión son del tipo “acentrifloc”. De 25 m. de diámetro, con turbinas de recirculación y purgas de fangos automáticas. Los filtros son del tipo “candy”, con una superficie unitaria de 50 m2, y disponen de un sistema de lavado por agua y aire.

La impulsión desde la estación hasta la arqueta de rotura de carga de Alvedro, consta de cuatro bombas, todas de 100 m-c.a. de altura monométrica, dos de ellas para un caudal de 2.200 m3 /h. y las dos restantes de 680 m3 /h.


Decía Enrique en 2014


Incorporamos a este proyecto nuestra personal interpretación sobre una entrevista previa realizada a Enrique Suárez. Un relato sereno sobre una intensa trayectoria personal y profesional (imposible separarlas). No hubo vídeo, se incorporan al final los audios.

EL RELATO DE ENRIQUE SUÁREZ

Doble vinculación con la empresa

Cuando Enrique Suárez se incorporó a la empresa, en 1975, para el montaje de una de las plantas de La Telva ya tenía relación con el sector, puesto que venía de una central hidroeléctrica y del servicio de telecomunicaciones de Fenosa en Madrid. Pero, por otro lado, se incorporó en el contexto de la jubilación del D. Tomás Fábregas (su suegro), una autentica institución que gestionó durante décadas todo lo relacionado con Cañás, la traída y los primeros pasos de A Telva.

Su formación inicial en electrónica fue el punto de partida para una intensa trayectoria profesional de aprendizaje autodidacta, tanto en los retos tecnológicos como en la dirección y gestión de equipos.

los que hemos estado más de 30 años en la empresa hemos visto a la generación que se fue y a la que vino

La conversación con Enrique discurre simultáneamente por dos cauces paralelos e inseparables: el tecnológico y el humano. Y tiene razón, imposible separarlos, sobre todo en una empresa cuyo funcionamiento está conectado con una necesidad básica de la vida de las personas y su desarrollo social y económico: el agua.

Desde el punto de vista del personal hay una historia, y se aprecia la diferencia de la gente que estaba con la que fue entrando Desde el punto de vista tecnológico se ve la evolución del cambio de plantas, la automatización

Dice Enrique que ahora el mantenimiento es “menos de máquina, pero hay que estar más pendiente”.

Aquellos tiempos…

La planta de Cañás fue pionera en muchos aspectos, pero eso también condicionó el crecimiento en el sentido de que hubo que hacer frente a la dispersión y diferencias con la nueva planta de A Telva, a la que él se incorporó. Como explica Enrique, no era lo mismo integrar lo que había que construir una planta nueva para gestionar el mismo caudal. Y cita el ejemplo de Ourense, donde se construyó una planta como la de A Telva, pero aquella se levantó y se hizo nueva.

Aquellos tiempos eran complicados. Todo quedaba lejos, había que ir por caminos intransitables a lugares a los que sólo se podía acceder con mulas. No había bombas para achicar, por eso se hacían presas y a él le tocó ir con una orden del gobernador a deshacer las presas de particulares en los ríos, porque todo tenía que pasar por “abastecimientos”, para luego volver a hacerlas.

Los tratamientos

“En Cañás hemos sufrido mucho…”. Recuerda, por ejemplo, una llamada a la una de la madrugada porque estaban muriendo las truchas a causa de los vertidos de óxido hidrocálcico de la mina de Meirama. De aquella Meirama formó un comité en el que estaba hasta el gobernador y había una cuadrilla que iba por el río midiendo, pero, aunque las decisiones se tomaban en la Xunta, él recibía todas las quejas porque era la única cara visible:

A mi la presa me ha dado muchos problemas”. Me han llegado a amenazar por teléfono como si el fuera el responsable de la empresa y venía incluso la policía

Sobre esto podría contar también José Antonio García Pombo, jefe de laboratorio en esa época.

Sin embargo, aclara Enrique, de aquella la calidad del agua de los ríos era mucho mejor, así que a pesar de todo se solucionaba bien con los medios que había. Pero se pasó de un agua bebible al incremento de los vertidos por lo que la legislación se hizo más estricta, y esto frenó la necesidad de nuevos tratamientos.

Era una época de recursos escasos y aunque se procuraba ir por delante de las necesidades, todo dependía del dinero disponible, que era poco. Tal vez a eso se debe, en parte, el derroche de talento de los trabajadores en busca de soluciones. Y el sentimiento de equipo, que constantemente resalta Enrique.

“Las empresas que trabajan 24 x 24 se convierten en un clan”

Enrique vivía permanentemente en una casa en A Telva que se hizo al tiempo que la tercera planta, pero no había ni teléfono, tan sólo los avisadores para urgencias: “Eran 24 horas al pie del cañón, no podías desconectar nunca”.

Recuerda las inundaciones en A Telva, como aquella en la que llegaba el agua a las ventanas y no dejaron de dar servicio a la ciudad. Fue entonces cuando se inundó el archivo que albergaba documentación desde los inicios de la empresa. A pesar de su tono ponderado y su equilibrado relato, se intuye la impotencia:

No se podía soltar agua porque la gente había construido en el cauce del río. Igual estabas viendo entrar 150 m3 y no podían soltar más que 15

Él y su familia fueron los últimos moradores de aquella casa, tal vez por eso le gustaría que fuera allí donde se alojara la memoria del archivo técnico. Le gusta la idea de “dar conciencia a las personas que hicieron su historia de que estaban haciendo ciudad”.

En aquellos tiempos no existían los departamentos de recursos humanos así que él gestionaba también un equipo de más de 30 personas repartidas entre las distintas plantas y los tres turnos. Luego, con las reducciones de jornada y la tecnología, la plantilla se fue haciendo menor.

El mantenimiento era esencial…

Dice Enrique que “la sociedad pensaba que los de Emalcsa trabajaban poco…” pero que en los años 60 había que ir a buscar a la gente porque los sueldos eran bajos y las exigencias altas. Las plantas quedaban lejos de la ciudad así que tenían que buscarse la vida incluso para conseguir una simple cuerda, porque escaseaban.

Él, que venía de una central hidroeléctrica de Fenosa en Madrid, sabía que el mantenimiento era esencial y eso implicaba dos cosas: el aprendizaje permanente y el sentimiento de equipo. Hizo multitud de cursos (programación, autómatas…) e iban a muchas ferias y a visitar otras plantas (Barcelona, Madrid, Bilbao, Vitoria…) todos los años, pero lo importante era el “después de”, así que había que trabajar siempre con la previsión de que las cosas se pudieran seguir haciendo. Tenían manuales pero lo importante era “el modelo de transmisión del conocimiento”:

No había dinero para hacer otras cosas. De lo que se decía en los informes se hacían 2 de las 20 o 30 que recomendaban. Inventaban, iban a los talleres para encontrar soluciones. Como los filtros hechos con base de madera (de pino verde), que ahora ya no existen. Iban probando el material de los tornillos a ver cuál era el mejor.

Se sabe parte importante de las obras de mejora y automatizaciones que se fueron realizando en A Telva, y cuenta con orgullo que Coruña fue un referente en Galicia. Pero es un orgullo de equipo y agradece el buen hacer de las personas que trabajaron con él, ya que fue lo que permitió que los mantenimientos “fueran muy buenos”. Como la planta de cloración, que lleva más de 40 años funcionando o las bombas de la planta 2, que se reformaron en 1975 para que pudieran seguir y ahí están.

Las relaciones personales y el equipo

Enrique daba gran importancia a las relaciones personales entre el equipo ya que influían en la calidad del servicio. Si bien por un lado se sabía perteneciente a la elite de las grandes empresas de infraestructuras, como Fenosa, Petroliber o Iberia, también sabía que “el entorno de trabajo formaba parte del trabajo”. Era un concepto del todo desde los detalles, y en cosas tan impensables hoy en día como la brillante balaustrada o la poda de los árboles que mantenían los propios empleados.

La verdad es que tuvimos un capataz muy bueno, José Botana, que entro con 14 años y se jubiló en la empresa a los 65, y que era tío-abuelo de Ángel, que está en A Telva.

De nuevo asoman los vínculos familiares entre la plantilla, algo directamente relacionado con el sistema de contratación “por cercanía” hasta que en el año 77 empezó a cambiar al introducirse el acceso vía examen.

En “su época” la empresa era también un eje de relaciones sociales, se compartían celebraciones y se hacían comidas con los directores, pero ahora todo el mundo anda a su aire. Pero en su tono de voz hay más pragmatismo que melancolía: “Yo creo que falta es la confianza”. Ahora en la fiesta de la patrona hay más jubilados que activos.

Es el problema de la oficina y el ordenador, estás al lado pero en otro mundo

Tal y como la evoca Enrique Suárez, la historia del Agua de A Coruña es la historia de las personas que pasaron por la empresa, tanto en las decisiones políticas como en su evolución técnica. Los problemas con la autorización del molino de Cañás se solucionaron gracias a Tomás y fue José Antonio Orejón, en su etapa de director, el que consiguió que se empezara a hablar de “plantas” en lugar de “concesiones”

Si hay concesiones… ¿hasta cuándo?. Además, las concesiones de caudal son diferentes de las concesiones de servicio….

Lo suyo no son recuerdos sino conocimiento, como cuando explica el proceso de “retacado” con el que se unían los tubos, como los que retiraron cuando se hizo la autopista y que fueron a parar a la planta de A Telva. O el funcionamiento de la bomba de manivela que estaba en casa de Ignacio y él recuperó. O de los equipos de gasógeno que usaban cuando no había energía y los motores de explosión. Habían hecho un vídeo que probablemente ande por su casa…

Eran los tiempos de vigilancia a caballo por los senderos, no había caminos. Cuando la empresa entró en la etapa de modernización el conocimiento atesorado pareció volverse obsoleto, pero este olvido vino respaldado también por el sentimiento de propiedad de los trabajadores. Tal vez, ahora que la tecnología ha facilitado y puesto en evidencia las ventajas de compartir, entre todos seamos capaces de encontrar la propuesta de uso para la restauración de la memoria.

No hay que convencer, lo que hay es que mostrar.

Conmigo quedaron mejor las cosas que cuando entré. Pero claro, ese éxito no me lo doy yo a mí, es un trabajo entre todos. Pusimos el granito de arena.

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Futuro: el lago natural de Cerceda

El refuerzo del suministro de agua entre Meirama y A Coruña, todavía sin plazos - Abril de 2016

Quién le iba a decir a los vecinos de As Encrobas, en Cerceda, que, un día, la mina que en 1980 hizo desaparecer sus propiedades se convertiría en un gran embalse de agua, tanto como siete veces el de Cecebre. Y que esa enorme balsa serviría para abastecer a los habitantes del área metropolitana de A Coruña. Pues así será, en teoría. El hueco minero de Meirama, explotado por Gas Natural Fenosa, se ha convertido ya en el segundo mayor lago artificial de Galicia, tras el de As Pontes, tras ocho años de trabajos de llenado, y actuará como refuerzo de la red de abastecimiento de agua al área metropolitana.

La conselleira de Medio Ambiente, Beatriz Mato, avanzó ayer que la compañía ha solicitado ya la incorporación del lago de Cerceda al dominio público hidráulico, un trámite en el que la Xunta empleará unos dos años. Pero, además, falta construir las tuberías que unirán As Encrobas y Cecebre y para esto no hay plazos. Mato avanzó que el proyecto costará nueve millones, de los cuales se han invertido dos en la instalación de una toma de agua y un tramo de la canalización.

El embalse de Cecebre es suficiente, reconoció Mato, para abastecer a 385.000 personas del área metropolitana, pero el lago de Cerceda aumentará las reservas y la capacidad de suministro para atender a medio millón de habitantes, una cifra que se prevé alcanzar en el 2035.

Roberto González Philipon, subdirector de Explotación de Activos Mineros de la eléctrica, garantizó que la calidad del agua de Cerceda es tan buena como la de Cecebre «o incluso mejor», porque ambos embalses pertenecen a la misma cuenca del Barcés.

Un laboratorio permanente

Gas Natural Fenosa cuenta con un laboratorio permanente en medio del lago artificial (donde se puede ver la plataforma en la que se ubica) que toma muestras permanentemente del agua para controlar todos los parámetros.

González Philippon aclaró que el embalse artificial de As Encrobas actúa como un decantador del agua, de ahí que la calidad esté garantizada. En todo caso, cuando las obras hidráulicas de conexión estén ejecutadas, el líquido que salga de Cerceda para el abastecimiento del área metropolitana pasará antes por la potabilizadora, como ya ocurre con el pantano de Cecebre. El delegado de la eléctrica en Galicia bromeó con que hasta la calidad de la cerveza que elabora Estrella Galicia con agua de la traída está garantizada.

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el_origen_del_agua.txt · Última modificación: 2016/10/12 13:51 por iagoglez